Carnicería en el bosque

— Si dejas de conducir como mi raquítica abuela, creo que llegaremos a tiempo George.

— Roger, voy a la velocidad necesaria. — respondió George mientras sujetaba con firmeza el volante y divisaba la calle, la cual parecía interminable.

— Me doy cuenta de los límites requeridos, pero no creo que entiendas lo que yo necesito — decía con voz susurrante Roger — y por si aún no sabes lo que yo necesito, te lo diré, necesito ir más rápido.

— Roger, por cierto ¿Cuál es el apuro? — preguntó Joseph desde el asiento trasero.

— El afán que me mueve es conocer a mi autor de terror favorito, el cual expondrá su nuevo libro.

— Eso lo entendemos, pero ¿Porqué sigues susurrando? — preguntó Samuel el cual estaba junto a Joseph.

— Eso es mas fácil de explicar — alegó Roger con sutil voz — sólo procuro el bienestar del conductor y mis susurros evitan estresarlo más de lo que su propia existencia ya lo hace.

La noche pronto los sorprendió y cuando pasaban junto a una zona boscosa, uno de los neumáticos estalló, haciendo que George llevase el vehículo con dificultad a la orilla del camino. Al bajar conmocionados George no le dio mucha importancia al accidente, pues estaba seguro que en el maletero traía el neumático de repuesto.

— ¿Dónde está el neumático de repuesto? — preguntó George, a lo que Roger de forma tranquila respondió.

— En casa.

— ¿Porqué?

— ¿Qué acaso no es obvio? El neumático ocupaba el espacio que debía ocupar mi colección de libros, los cuales mi autor favorito firmará y luego venderé por Internet a los ilusos que no pudieron ir al evento.

George cerró el maletero y guardando silencio miró a las estrellas deseando que un pequeño asteroide cayese sobre su amigo.

— ¿Entonces no iremos a ningún lado? — preguntó Samuel.

— Gracias a Roger nos quedamos aquí.

— No veo el problema — musitó Roger.

— ¿La exposición esa de tu autor no es mañana? — preguntó Joseph.

— ¡Oh santo cielo, claro que no! Es dentro de 3 días.

George cerrando sus ojos y conteniendo cualquier intento de asesinar a su amigo exclamó.

— ¡¿Porqué nos hiciste salir con tanta prisa?!

— Conocía las posibilidades que tenías para fracasar, por lo cual fui precavido y si nos quedamos aquí algún vehículo pasará y nos ayudará.

— Si sabes que te odio. — murmuró George.

Mientras esperaban en el vehículo, Samuel diviso una columna de humo elevarse de entre unos árboles.

— ¿Creo que esa puede ser una casa? — preguntó Joseph.

— Puede, como también puede ser un psicópata tendiendonos una trampa. — respondió Roger.

— Deberíamos ir y pedir ayuda o pasar la noche. — dijo George, a lo que rápidamente Roger refuto.

— No.

— ¿No?

— Sí, no.

— ¿Y porqué no? — preguntó George.

— Es posible que ustedes no lo comprendan, pero el autor al cual voy a ver es un excelente escritor en el género del terror, por lo cual estoy capacitado para decir que alejarnos de la comodidad de nuestro vehículo e ir y aventurarnos a una casa en medio del bosque no es una buena idea.

— Creo que has leído muchos libros de terror, esto es la vida real — dijo Samuel.

— ¡Me sorprende tu incredulidad! — exclamó Roger.

— ¿Porqué?

— Es que a juzgar por tus características, serias el primero en morir si un psicópata nos ataca.

— ¿Qué tonterías dices? — preguntó Samuel mientras dibujaba una falsa sonrisa en su rostro.

— Pues no hay un modo sencillo de decírtelo, pero ¿si sabes que cuando entras a una habitación a oscuras eres prácticamente invisible? Y que debido a tu inclinación homosexual te ves dentro de dos minorías, lo que aumenta tus posibilidades de morir…yo que tu y para reducir esas posibilidades no haría mención al asesino de tu capacidad para complacer a individuos de tu mismo sexo.

Los compañeros de Roger comenzaron a caminar, lo que impaciento a Roger obligándole a ir tras ellos.

Al estar cerca notaron la cabaña, un lugar iluminado desde el interior.

— Voy a llamar — dijo George y al hacerlo nadie respondió, por lo cual Joseph se acercó y notando la puerta abierta decidió entrar, mientras Roger repetía « Es una mala idea »

Al ingresar en la cabaña notaron muchas cabezas de animales salvajes disecados.

— Sólo un psicópata decoraría así — murmuró Roger.

— Busquen un teléfono — indicó George.

— O un cadáver — añadió Roger.

Mientras buscaban Samuel que había pasado a la cocina encontró lo que parecía un fémur envuelto en papel, pero para evitar que Roger se pusiera más histérico prefirió omitir dicha información.

— Creo que aquí no hay nada, lo mejor será esperar al dueño. — dijo Samuel.

— ¡Oh wao! Alguien desea inmediatamente  su ejecución.— Respondió Roger mirándose las uñas aparentando indiferencia, desde la puerta.

Cuando deliberaban sobre las posibilidades, un extraño ruido proveniente de una de las habitaciones los asustó, pero no lo suficiente como para apagar la curiosidad en ellos.

— ¿Eso vino de allá? — preguntó Joseph.

— Iré a ver — dijo Samuel.

— ¡Recuerda omitir lo que ya te dije! — exclamó Roger.

Samuel se acercó a la puerta de la habitación, pegando su oído a la puerta intentó escuchar, pero sólo parecían gemidos, por lo cual abrió la puerta y al entrar descubrió a un ser humanoide, de baja estatura con afiliados dientes que devoraban un torso humano.

— ¡Chicos tienen que ver esto! — gritó Samuel, pero la criatura que estaba atada con una soga a su cuello se lanzó contra Samuel y la tensión hizo que la cuerda se rompiera, clavando sus afiliados dientes en el cuello de Samuel, cuya sangre brotó rápidamente manchando las paredes y a pesar de que sus ahogados gritos, la criatura le arrebató la tráquea.

— Se los dije. — murmuró Roger y todos comenzaron a correr. La criatura no tardó en seguirlos.

— ¿Dónde está el auto? — preguntó Joseph.

— Las llaves, dame las llaves Roger — dijo George.

— En cuanto lleguemos al auto te las daré.

— ¡Las necesito para encontrar el automóvil! — gritó George.

— Pues cuando lleguemos al auto las tendrás, ya que las deje dentro por precaución.

— ¿Porqué hiciste éso? — preguntó George.

— ¿Porqué me diste las llaves?

— Mi culpa…

El bosque parecía ser un laberinto interminable, aunque el gemido de la criatura había desparecido.

— Propongo que nos separemos. — dijo Roger.

— ¿Eso no es una mala idea? — preguntó jadeante Joseph.

— ¿No entiendo porque nos debemos separar? — dijo George mientras se recostaba contra un árbol.

— Me sorprende que no entiendas el concepto de separación, a juzgar de que tus padres se divorciaron.

— ¿La cosa esa no nos mataría más rápido?  — preguntó Joseph.

— Puede, pero al separarnos aumenta las posibilidades de que se entretenga con uno de nosotros dándonos a los demás y espero sinceramente estar en ese de los demás, para escapar.

No habían deliberado cuando la criatura saltó de entre unos arbustos y atacó a Joseph, rasguñando su rostro con sus afiladas garras, arrancando sus ojos y perforando su cráneo, Joseph cayó al suelo convulsionado hasta ahogarse en su propia sangre, mientras aquel monstruo seguía comiendose sus entrañas. Por su parte Roger y George aprovecharon para escapar.

Entre arbustos espinosos y una completa oscuridad los dos amigos corrían para sobrevivir, cuando George accidentalmente piso una trampa para osos, el cual le arrancó su pie derecho y al caer una rama le perforó el muslo derecho aumentando el sangrado, en la agonía George murmuró con dificultad.

— Me estoy desangrando…

Roger guardó silencio un momento y contemplando a su amigo respondió.

— ¿Me lo estás diciendo o me lo preguntas? Porque no sentí la convicción en tus palabras, pero podría asegurar que… — Roger tocando a su amigo en el cuello añadió — ¡Me lo estaba diciendo!

Ya sin amigos Roger siguió corriendo cuando diviso el automóvil, pero a la extraña criatura detrás, acercándose, cada vez más cerca, cuando un potente silbido hizo que la criatura se detuviera y regresase a la cabaña.

Aliviado Roger ingresó al vehículo, se secó el sudor y exclamó.

— ¡Llamaré a asistencia en la carretera!…

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