La caída de Lucifer

 En el principio exista la luz y la luz manifestó su poder, del cual brotaron diversas criaturas angélicas,  seres sin forma, solo esencia de seres iluminados.  Miles de seres celestiales nacieron de la luz, cada uno diferente al anterior, ninguno hasta ese momento superior a nadie, pero donde habita la luz también coexiste la oscuridad y la oscuridad se manifestó en una criatura, la cual era la más astuta de todas.

Cierta vez, aquella criatura llamada Satán sabiendo que su destino estaba sellado, ideó un plan para oponerse al plan divino, para ello necesitaba al ser más hermosa jamás creado, a aquel que pronto ocuparía el mando de las huestes celestiales, su nombre era Lucifer.

— ¿En qué ocupas tus pensamientos? Mi amado hermano. — dijo Satán mientras su forma daba vueltas y vueltas al rededor de Lucifer.

— Contempló a nuestro padre. — respondió Lucifer sin apartar sus pensamientos de los pensamientos de Dios.

— Ya veo, ya veo. — murmuró Satán y adoptando una forma aún no adecuada para ellos, la de los humanos, se mostró masculino y desnudo frente a Lucifer, sus alas largas y grises oscurecieron  brevemente la luz que rodeaba a Lucifer. Luego añadió — ¿No eres tú la criatura más perfecta hacha por el altísimo?

— Sería un acto de soberbia responder a tu pregunta, pero puedes creer lo que deseas, yo me conformo con saber que sólo soy una criatura al servicio de mi señor.

Dicho esto, Lucifer asumió la nueva forma, aquella que Padre les había permitido usar, una que aún no comprendían pues los seres que imitaban carecían de inteligencia.

Lucifer se mostró imponente, sutil, majestuoso cuando extendiendo sus seis alas, las cuales cegaron brevemente a Satán, pues de ellas emanaban destellos luminosos. Pero Satán cubriéndose el rostro con los extremos de sus alas exclamó.

— ¡Me siento feliz de contemplar al ser más hermoso de la creación! — luego hizo una pausa y caminando al rededor de Lucifer, como un león a su presa, añadió —  aunque…

— ¿Aunque qué? — preguntó Lucifer y en ese momento un hilo de oscuridad irrumpió silenciosamente en Lucifer.

— Pues escuché que Padre tiene otros planes.

— De tener otros, yo lo sabría.

— Pues lamento decirte que Padre te ha ocultado algo muy importante.

— ¡Mientes! — exclamó Lucifer y un sentimiento extraño le invadió, luego añadió — Ya se que estas a prueba, que le fallaste a nuestro Padre y por eso tus alas se tornaron grises, se además sabemos que te estás corrompiendo.

Satán agitó suavemente sus alas, alzando su cuerpo del suelo y extendiendo ambos brazos dijo.

— Evidentemente todos jugamos parte en el plan de nuestro padre, somos sus criaturas, pero no le pertenecemos, ahora dime algo Lucifer, ¿No deseas ser por siempre el ser más hermoso de la creación?

Lucifer guardo silencio, desvió la mirada, luego respondió.

— Yo sólo deseo amar a Padre.

— ¿Y si Padre no te ama como tu lo amas?

— ¡Mientes! — exclamó Lucifer y una lágrima rodó por su mejilla, la acción lo conmocionó, eran sentimientos que no comprendía que Padre no le había explicado.

— Lamento ser yo quien traiga malas noticias, pero Padre piensa nacer en una de sus formas como un mortal en medio de los humanos, ser engendrado por una campesina, una vil humana y no serás tú el encargado de presentarte ante ella.

Lucifer cayendo de rodillas y observando sus lágrimas en el suelo exclamó.

— ¿Entonces que pasará conmigo?

— Otro ocupará tu lugar, no serás el líder de los ejércitos celestiales.

— ¿Quién es ese otro?

— ¿Porqué debería decírtelo?

Lucifer levantándose del suelo, extendió sus alas, sólo que está vez no cargaron a Satán.

— Sólo dime la verdad. — murmuró Lucifer.

— ¡Miguel! — le susurró Satán al oído a Lucifer.

El cielo en su magnificencia es como era y es un plano sin principio ni  fin, donde habían las criaturas celestiales, todas aún. Aunque en un extremo no muy distante revolotea la oscuridad, creando mientras destruye, sin que aquello afecte lo divino.

— Padre, ¿Me llamaste? — dijo Miguel mientras llevaba su rostro al suelo y frente a el una cortina luminosa se agitaba, y detrás una potente voz exclamó.

— La prueba a terminado, mis hijos se han purificado, ahora algunos podrán contemplarme, ya no seré una voz a la distancia, ahora me verán plenamente.

— Me siento muy feliz mi Señor, pero ¿A que se refiere con algunos?

— Debes expulsar a aquellos que se oponen a mi amor, aquellos a los cuáles han rechazado la gracia del arrepentimiento, misma que no he dejado de enviarles, pero siguen siendo resistentes, pues uno infecto al resto.

Lejos de ser una batalla campal, el ejército liderado por Miguel, el arcángel haría frente a aquellos espíritus rebeldes, no con espadas, sino con la voluntad.

— Satán. — murmuró Miguel al verle deformado, sus alas ahora eran oscuras.

— No pretendas sorprenderte, guarda ese sentimiento humano para lo que verás.

De entre una legión emergió un rayo de luz, la cual rápidamente perdió su brillo.

— ¡Lucifer!  — exclamó Miguel.

El ser que había sido la criatura más perfecta, ahora palidecía ante la corrupción, sus alas ahora eran oscuras y la deformidad le había alcanzado a su esencia.

— Padre te escogió a ti. — musitó Lucifer.

— Padre sólo quiere lo mejor para nosotros. — respondió Miguel.

— ¿Y lo mejor eres tú?

Detrás de Lucifer, Satán le susurraba palabras al oído, las cuales llegaban a corromper lo poco que quedaba.

— Somos los seres perfectos de la creación — dijo Satán — pero el creador desea que nos rebajemos al servicio de unos seres sin inteligencia, que sólo buscarán su propio beneficio, que en cuanto se les de la libertad ellos harán la guerra, esos humanos que tanto ama y desea encarnase Él, nos van a pisotear, no somos sirvientes, somos como dioses…

En ese momento Miguel exclamó y con sus palabras hirió a Satán.

— ¡ Nosotros escogimos amar y amar significa obedecer! ¿Tú sabes lo que es amar? Acaso crees que entre los humanos serás un ¿dios? Todos sabrán que eres la causa de la desgracia.

Satán cayendo de rodillas exclamó.

— ¿Puedo dejar acaso de existir? O ¿Hasta en eso El buen padre me va a obligar a existir?

— Nosotros somos seres finitos, nuestro amor hacia el padre no es infinito como el de él, pues lo amamos hasta donde el así lo permite y aún en esas condiciones somos fieles, pero ¿Hasta donde llegó tu amor?

La sentencia había sido dada, y los ángeles corruptos debían caer de lo alto, habitar entre los mortales y descender a las profundidades del infierno.

— Sólo tengo una duda — dijo Lucifer — ¿Por quién he sido reemplazado? Pues hasta tú debes reconocer que no igualas mi belleza.

Miguel extendió sus alas cegando a Lucifer y a la vez despojándole brevemente de cuatro de sus seis alas, luego dijo.

— Aún no ha sido creada, pero cuando lo sea ella se alzará sobre todos nosotros, una mujer recibirá a la segunda forma de la Trinidad.

Dicho esto los ángeles corruptos fueron arrojados del firmamento y su caída era semejante a la caída de millones de asteroides los cuales rasgaban el firmamento dejando a su paso un estelar luminoso y con ellos Lucifer, el cual en la caída pudo tener una visión beatifica donde contempló el plan divino y todo lo hermoso que era, siendo el mismo ahora un ser horrendo, jamás podría ser parte de el y todo gracias a Satán, quien lo sedujo haciéndolo caer de lo más alto del firmamento… 

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