La Playa de los deseos

El aire húmedo del mar junto con las olas que se impactan contra las rocas salpican un rostro lleno de pecas, una chica con vestido blanco, tan blanco como su piel, reposa sobre el borde de una roca. Ella contempla el horizonte mientras a la distancia los rayos del sol hacen que su pelo rojizo parezca arder y sus ojos negros cobren nueva profundidad.

No muy lejos en una pequeña embarcación pesquera un chico recoge las redes, terminando su jornada laboral, cansado sus brazos robustos brillan a la luz del sol y pequeñas gotas de sudor recorren su rostro hasta perderse en las aguas del océano.

— ¿Terminaste? — preguntó un anciano que se acercó cojeando de la pierna izquierda.

— Sí, ya está listo, podemos regresar. — respondió y secándose el sudor del rostro, prosiguió a quitarse la camiseta y dejar al descubierto su cuerpo definido por horas de trabajo, mientras el barco regresaba a puerto.

En el transcurso aquel chico no pudo evitar observar a una joven sentada al borde del mar, a veces parecía estar ahí y otras desaparecer, creyendo en algún momento que se trataba de alguna ilusión, pero cuando estaba por creer que aquello era fruto del cansancio, la observó levantarse y lanzarse, sin dudarlo le dio aviso al capitán del barco y lanzándose nado lo más rápido posible y comenzó a buscar de forma desesperada a aquella misteriosa chica, cuando entre la espuma del mar flotaba el cuerpo de una joven.

Luego de tomarla y llevarla fuera del agua, la recostó sobre la arena. Retirando el cabello de su rostro revisó su respiración y sintiéndose aliviado pues no había muerto.

— ¿Estás bien? — preguntó mientras le daba pequeñas palmadas en la mejilla izquierda.

Aquella chica abrió sus ojos y al verlo rápidamente le propinó una bofetada la cual le hizo caer de espaldas ya que se encontraba de cuclillas.

— ¡Usualmente se dice gracias! — exclamó aquel chico.

— ¿Cuál gracias? ¡Yo quería…morir! — dijo bajando la cabeza.

— Mi nombre es Lucas. — murmuró.

— Luna. — dijo en voz baja.

Lucas levantándose la tomó de las manos y la condujo hacia la orilla de la playa, cada vez a aguas más profundas, mientras Luna oponía cierta resistencia y sin darse cuenta estaban flotando en el mar.

— ¿Qué estás haciendo? — preguntó Luna al ver a Lucas nadar de regreso a la orilla.

— Nada realmente, sólo te estoy devolviendo al lugar de donde te encontré. — musitó Lucas y esbozado una sonrisa se quedó flotando a pocos metros de ella.

— Eres un estúpido.— murmuró Luna y se cruzó de brazos.

— ¿Entonces no quieres morir? — preguntó Lucas.

— Sí, pero no así, además ¿Quién eres tú para contarte mis problemas? — dijo Luna y comenzó a nadar hacia la orilla, pasando al lado de Lucas, rozando su hombro derecho y sintiendo un chispazo que le hizo voltear y verlo a la cara.

— ¿Sucede algo? — preguntó Lucas mientras los rayos plateados de la luna se reflejaban en el agua.

— No, realmente no. — murmuró y siguió hasta llegar a la orilla. Una vez ahí pensaba marcharse, pero al ver a Lucas salir del agua, su cuerpo marcado, una extraña sensación le invadió el cuerpo, por lo cual comenzó a caminar descalza hasta la calle, detrás iba Lucas. — ¿Me estás siguiendo? — preguntó.

— Esa — decía Lucas señalando la calle — Es el único camino para salir de aquí, así que mi estimada Ariel, yo no te estoy siguiendo, yo también me voy de aquí. — respondió Lucas y pasando a su lado noto que Luna tenía marcas en el cuello. Al verlas pensó en ignorar, pero no podía evitarlo y le preguntó el origen de sus marcas, a lo que Luna le respondió.

— No te importa y no necesito tu ayuda, ya hiciste bastante. — respondió esbozado una falsa sonrisa.

Al llegar a la calle, ambos se quedaron de pie, el uno al lado del otro, mientras las horas nocturnas iban aumentando.  A los pocos minutos una camioneta apareció y se detuvo frente a ellos, de ella salió aquel hombre del barco y dirigiéndose a Lucas le preguntó.

— ¡Lucas! ¿Salvaste o no a la pendeja que se lanzó al mar?

— Si, lo hice, te la presento, es ella, se llama Luna.

Aquel marinero se sintió apenado.

— Mis disculpas, pero ¿Porqué hizo eso? ¿No ve lo  linda qué es la vida?

Luna solo le sonrió y desvió la mirada.

— ¿Nos vamos George? — preguntó Lucas a lo que George preguntó.

— Jovencita, ¿Necesita ayuda para regresar a casa?

— Gracias, pero caminaré. — respondió.

— Pero señorita, es peligroso…— decía George cuando Lucas le interrumpió diciendo.

— No hace falta que le expliques, ella simplemente es terca y no entiende, ahora ¿Nos podemos ir?

Lucas y George subieron a la camioneta dejando atrás a Luna.

[Una semana después]

Mientras la luna se reflejaba en las tranquilas aguas del mar, un chico estaba sentado en la orilla de un viejo muelle, sólo contemplaba el cielo estrellado y cuando decidió levantarse un trozo de madera bajo sus pies crujió y luego se rompió haciéndolo caer, pero su cabeza recibió un golpe contra uno de los pilares al caer, dejándolo inconciente.

Su cuerpo flotaba cuando repentinamente una persona se lanzó y tomándolo por debajo del brazo derecho lo arrastró hasta la orilla de la playa, al llegar lo volteó y al verlo exclamó.

—¿Lucas?

Lucas lentamente fue abriendo sus ojos y al ver a Luna frente a ella con el pelo revuelto exclamó.

— Entonces morí, porque estoy mirando a la suicida de la semana pasada.

— Y yo al de esta semana — respondió y una sonrisa se dibujó en su rostro.

Lucas se incorporó lentamente.

— ¿Estás bien? — preguntó Luna tocándole la cabeza.

— No estoy muerto, eso ya es algo. — respondió.

 — Perdón por lo de la otra semana, te juro que no volverá a pasar. — dijo Luna bajando la mirada.

— Espero que no pase, digo, no sé si esté ahí para salvarte.

Luna se levantó y camino hasta el borde de la playa, donde las olas acariciaban sus pies. Detrás le siguió Lucas quien le preguntó.

— ¿Ahora me dirás lo que sucede?

— Es una larga historia — respondió Luna.

— No iré a ningún lado.

Luna se sentó en ese mismo lugar y al levantar la mirada una lágrima se escapó, corriendo por su mejilla hasta desaparecer al toqué de los dedos de Lucas quien junto a ella se encontraba.

— Pues — decía — Es una tontería — murmuró.

— ¿Esas heridas como te las hiciste?

Luna se llevó una de las manos a su cuello, donde tenía uno de tantos moretones.

— Fue una discusión, yo tuve la culpa, todo el tiempo…

— ¿Todo el tiempo?

— Bueno, tal vez no todo el tiempo, pero es que él es muy violento.

— ¿Tú esposo?

— No, mi padrastro.

Lucas se sintió extrañamente aliviado.

— ¿Y porqué vives con el?

— ¿A dónde iré? Mi madre murió hace poco, mi padre jamás lo conocí, soy todo lo que ves, nada.

Lucas la tomó nuevamente de las manos y la llevó otra vez al mar, estando ahí le preguntó.

— ¿Te gustaría vivir en mi casa?

Luna se sintió extraña, y rechazando la propuesta regresó a la orilla, detrás iba Lucas.

— Te agradezco mucho que me hayas salvado el otro día, pero esto no es así de fácil y yo lo voy a arreglar.

— ¿Lo arreglaras como lo estás haciendo ahora?

Una repentina lluvia comenzó a caer lo que los hizo correr, Lucas a su camioneta y Luna al borde de la calle.

— ¡La verdad lo he intentado! — exclamó entre lágrimas Luna, mientras su mente recordaba los golpes y abusos que su padrastro la sometía a ella y a su fallecida madre.

— Entra, al menos a la camioneta. — murmuró Lucas y ella aceptó.

Una vez dentro, ambos se quedaron en silencio, las gotas de lluvia caían sobre el cristal y se fundían hasta perderse.

— Tengo frío. — murmuró.

— ¿Te puedo ofrecer una toalla? Pero en mi casa.

Luna reclinó su rostro contra el cristal y respondió.

— Como quieras. — Lucas condujo hasta su casa, pero se detuvo en una gasolinera para recargar combustible. Al llegar a la caja y pagar escucho al vendedor y otro hombre desaliñado hablar.   

— ¡Aún no encuentro a la estúpida esa! Es la tercera vez que se escapa de la casa.

Lucas pagó el combustible y se retiró sabiendo de quién hablaba, pero aquel hombre logró ver a Luna cuando la camioneta partió.

Una vez en la casa de Lucas, este le facilitó la ducha y unos vestidos limpios a lo que Luna preguntó.

— ¿De tu esposa?

— De mi madre, ella también falleció. — Luna se sintió extrañamente aliviada con la respuesta, y entrando al baño se dio una ducha. Al salir Lucas también estaba listo y con dos tazas de chocolate con tres malvaviscos flotando en ella.

— Gracias, por todo. — murmuró Luna al recibir la taza de chocolate.

— ¿Y qué vas a hacer?

— No lo sé, pero no quiero regresar con el.

— Puedes quedarte el tiempo que necesites.

— Gracias…

—¿ Sabes como le dicen a la playa donde nos conocimos?

— No — musitó Luna mientras le daba un sorbo a su taza con chocolate.

— Le dicen la playa de los deseos.

— ¿Y concede deseos? — preguntó Luna mientras sus mejillas se enrojecían.

— Al menos a mi ya me lo concedió. — murmuró Lucas mirando fijamente a Luna, quien bajando su taza esbozó una sonrisa para luego exclamar.

— Parece que a mi también, yo sólo quiero…— decía Luna cuando los gritos iracundos del hombre de la gasolinera les hizo detenerse.

— ¿Qué está pasando? — se preguntó Lucas y levantándose intentó salir, pero Luna se lo impedía.

— ¡Por favor no salgas! Es mi padrastro.

Lucas sintió que era el momento adecuado para terminar con todo y saliendo con Luna de la mano intentó hablar con aquel hombre, pero este respondió a gritos.

— ¡Esa perra es mía!…como lo fue su madre, ahora si se quiere ir como ella, entonces que lo haga igual.

El padrastro de Luna levantó su revólver y apuntando a Luna disparó, pero Lucas se giró y cubriéndola son su pecho, la bala le impactó en la espalda, luego llegó el segundo disparó el cual atravesó a Lucas que a su vez impactó el corazón de Luna, la cual esbozó sus últimas palabras.

— Gracias por salvarme ese día, nos vemos…

— Nos vemos en la playa de los deseos…— terminó la oración Lucas y ambos cayeron al suelo.

La Luna brillaba con singular belleza esa noche, dos estrellas cayeron del firmamento y un tercer disparo irrumpió en la tranquila noche, mientras a la distancia las olas del mar recibían a los eternos enamorados que caminaban juntos hasta las profundidades del mar. 

0 Comments

Deja tu opinión!!

Sigue el Blog

Follow Rincón de Joss on WordPress.com

Sígueme y encuentra tu próxima lectura!!

Pon tu email para que te lleguen las notificaciones.

Join 647 other subscribers

Categorías

Archivos

Conversemos en Twitter

Pin It on Pinterest

Share This
%d bloggers like this: