La racine du mal

Lo creí, pensé que había sido sólo un mal sueño, que aquella visión espantosa era producto de mi imaginación, pero lamentablemente las cosas no eran así. Por lo cual a la mañana siguiente me dispuse a buscar entre los documentos del anterior sacerdote, algún indicio, pero les recuerdo a ustedes mis estimados lectores que lejos de caer víctima de la paranoia, de un furor desconocido, lo que yo estoy experimentado y pretendo narrar, realmente sucedió. 

No me costó descubrir una caja con documentos, en ellos se encontraba un pergamino, este poseía la letra del anterior sacerdote o eso asumo yo, el documento dice así: 

« En la localidad del pueblo minero, diócesis de Los Santos Mártires, habita lo que para todos es una  sorcière, dicho de otro modo, una bruja. Pero aquellos avistamientos no surgieron de la nada, la bruja en cuestión no existía. De hecho su aparición fue relativamente atinada a mi llegada. Por lo cual el antiguo párroco le conoció antes de la masacre. 

Sucedió, según he investigado que aquella mujer de atractiva belleza era cortejada por un individuo, del cual aún no doy con su paradero, pero según dicen ella le rechazó en  innumerables ocasiones. Lo cual al parecer molesto al individuo, que siendo un hombre de aparente poder en la comunidad, comenzó a difundir el rumor de que aquella mujer practicaba la brujería. Esta noticia lejos de ser tomada como arrebatos de un despechado, se le tomó demasiada importancia, tanto que aquella mujer y su hijo, un varón de 3 años, se vieron obligados a vivir fuera de la comunidad. Descubrí por cuenta propia aquella casa donde fue desterrada la mujer, y debo admitir que he visto pocilgas más habitables. 

Aún con el desprecio que se le tenía a la mujer, un aparente odio sin razón se fue apoderando de las personas, incluyendo al antiguo sacerdote, el cual no sólo la excomulgo, sino que públicamente le acusó de brujería a ella y a su hijo. Todo esto no hizo más que despertar algo que dormía en lo profundo del bosque. Aquéllo se habrá deslizado por las comisuras de la madera podrida que servía como pared para aquella mujer y así atormentarla con ideas diabólicas, pero ella resistió tanto como pudo. Una mañana cuando salió por madera al bosque, los miembros de la comunidad, incitados por una persona aún desconocida pero creo saber de quién se trata, quemaron la cabaña de la mujer, sin saber que en el interior dormía una criatura inocente. Está acción la llevó a la locura, una locura que la transformó, la hizo lo que todos temían. Ahora me consta que ella fue la responsable de las constantes muertes de los niños en la comunidad, de la muerte de los que estuvieron ese día, incluyendo al sacerdote. Creo y sostengo que no se detendrá hasta encontrar al responsable, hasta que esa persona admita su culpa y mientras eso espera, yo estoy seguro que está misma noche ella vendrá por mi…» 

Debo admitir que el documento, el cual tenía por nombre; “La racine du mal” y si traducción no me falla, sería La raíz del mal, pero éste texto me dejó con más dudas que respuestas, por lo cual ese mismo día determine ir a aquella casa. Intenté pedirle ayuda a Jonathan, pero se negó rotundamente, su rostro palideció cuando le hable de lo descubierto, aún así me dispuse a ir solo. 

La entrada a la mina estaba vacía, no parecía que iban a trabajar. Me arme de valor y recorrí aquellos caminos oscuros, donde la luz parecía ser absorbida por la oscuridad, entre tanto las ratas se cruzaban en mi camino. No tarde mucho y llegue al antiguo pueblo, sus ruinas, casas abandonas, pero mi objetivo era otro, por lo cual me dispuse a ir al bosque. 

No recuerdo cuanto camine o si debí preguntar la ubicación de aquella casa, pero ya estaba próximo el anochecer y estaba perdido. Pero fue entonces cuando lo vi, se trataba de un niño, le observé caminar entre la espesura del bosque, le seguí y antes del anochecer ya estaba en aquel sito, el cual fue ligeramente reconstruido después del incendio. 

No encontré más que basura, hojas secas, pero tuve una extraña sensación de ser observado. Mi corazón palpitaba más de lo acostumbrado, creí que iba a morir sin razón, entonces y como un relámpago ella apareció. La vi a la distancia, parecía llorar, quise acercarme pero al dar un paso al frente, una rama crujió, ella me observó con sus ojos inyectados en sangre, sentí miedo, la vi moverse. Era como si su avance fuese ligero como una pluma, no le vi tocar el suelo y corrí, corrí lo más rápido posible. Entonces la adrenalina, el pánico me hizo pensar y exclame en voz alta, básicamente le grite.

— ! Fue  Jonathan !

Ella se detuvo, suspendida en el aire. Alguien al fin reconocía al criminal.  Me di la vuelta, camine hasta el templo, mi mente y corazón estaban turbados, no sabía lo que debía hacer. Por lo cual ore al Señor. 

Fuertes golpes me despertaron, era Jonathan, ella se había llevado a su hija, una niña de 3 años. 

Me suplicó que le ayudase, él no sabía que lo había descubierto, como tampoco sabía que ella lo deseaba a el, deseaba matarlo, pero con un testigo de su inocencia. Le acompañé en la búsqueda. 

Sugerí visitar la casa original de la bruja y ahí, en medio de la sala, estaba la hija de Jonathan, parecía dormida pero realmente estaba muerta. Ya que cuando Jonathan se acercó y la levantó sus brazos se desprendieron, su cabeza rodó por la sala y ella emergió. Imponente. 

Jonathan quiso huir, yo se lo evite. 

— ¿Qué estás haciendo? — Me pregunto mientras intentaba abrir la puerta. 

— Ya lo sé todo, se que tú la cortejabas, que no soportaste el rechazo y por eso hiciste todo. 

Jonathan guardo silencio, me miró y en un intento de ira me tomo por el cuello, forcejeamos, le golpee en el rostro, haciéndolo caer a sus pies. Me sentía extraño, sabía que estaba reparando un mal, pero estaba causando otro. Aún así me mantuve en la puerta, mientras ella se desquitaba, expulsando su rabia, su frustración y de forma grotesca Jonathan murió, su cuerpo fue despellejado, sintió demasiado dolor, pero luego ella satisfecha desapareció. 

La aparente paz volvió a la comunidad, ahora puedo atestiguar que las cosas están mejor. Ya no mueren inocentes, aunque el bosque aún susurra palabras, lamentos de quién espera seguir causando dolor.


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