Maldita Tentación

— Lo sé, lo sé — decía Penélope con sutil voz, como evitando despertar a su esposo que yace dormido a su lado, inmóvil, casi eterno. — He sentido su perfume, se la verdad. 

Penélope le observa descansar, duerme cual bebé, ella por su parte no puede conciliar el sueño, su cabeza está llena de ideas, voces. Algunas más fuertes que otras. 

Se levanta de la cama, camina de puntillas, abre la puerta de la habitación sin hacer el menor ruido. Una vez en el pasillo principal, el que conecta con las demás habitaciones, se dispone a ingresar en una de las recámaras. En el fondo un chico duerme, su pecho desnudo parece brillar con el reflejo de la luz del farol de la calle que se cruza por la ventana. 

Penélope se acerca y le besa su mano derecha, el chico despierta.

— Ma…— intentó decir, pero ella le impidió pronunciar esa palabra que tanto odiaba. 

— Necesito que me ayudes. — murmuró con seductora voz.

— ¿Sucede algo con papá? — preguntó el chico mientras se levantaba y se sentaba al borde de la cama. 

— Sí, pero debes hacerme el amor antes. 

El chico abrió sus ojos, sorprendido ante inusual petición, creyó que su madrastra se encontraba bajo los efectos del alcohol, por lo cual dispuso que debía volver a dormir, pero ella ante la negativa optó por rasgar su vestido de dormir. Sus pechos de gran tamaño rebotaron, quedando expuestos, redondos y firmes tal cual como su padre los prefería y aquel gusto por los senos había sido heredado, pero la imagen de su madrastra con los senos expuestos era abominable, por lo cual empujando con delicadeza la apartó de el. 

— ¿Qué haces? — preguntó el chico, que debajo de la sabana ya mostraba una erección, pero cruzando las piernas intentaba ocultarla. 

— Tu padre es malo, lo ha sido siempre, pero me puedes ayudar a librarme de el, sólo debes hacer lo que te pido. — suplicó esta vez Penélope, quien de rodillas a la altura de la entrepierna de su hijastro suplicaba. 

— ¿Porqué? — preguntó el chico, mientras Penélope le retiraba la sabana que ocultaba aquella erección. 

— Porqué es malo, lo ha sido y lo será, pero nuestra historia puede ser diferente. — musitó Penélope y besando los resecos labios del chico, se lanzó sobre él. 

El roce de los senos de Penélope sobre la piel desnuda del pecho del chico le hizo sentir escalofríos en el cuerpo lo que se traducía a un sentimiento placentero. 

— Nos puede descubrir — exclamó en voz baja el chico, mientras Penélope terminaba de rasgar el resto de su ropa. 

— No temas, Lucas, no temas. — murmuró. 

Lucas se obligó a silenciar sus propios gemidos, se obligó a realizar sus movimientos con lentitud, pues el rechinar de la cama los podría delatar, además Lucas imagino las incontables noches de pasión que podría disfrutar si todo salía bien, aún cuando no entendía a cabalidad el plan de Penélope. Además creía que su padre y ella eran felices. 

Cuando finalmente los líquidos húmedos cayeron sobre la cama, Penélope que estaba encima de Lucas le dijo. 

— Ahora debes golpearme. 

Lucas se sintió confundido. 

— No. — le respondió, pero ella sonriendo de una forma extraña, le sujetó la mandíbula con una de las manos. 

—! Tienes que golpearme ! 

Lucas se opuso, y Penélope se levantó, salió de la habitación y corrió hasta la cocina. Lucas no tardó en seguirla. Al llegar la encontró sujetando un cuchillo, el cual colocó en su cuello y un hilo de sangre comenzó a brotar de la herida, luego se hizo un corte en la mejilla izquierda, Lucas intervino quitándole el arma. 

— ¿Qué demonios estás haciendo? 

— Tú no deseas golpearme. — le respondió y sacando otro cuchillo se disponía a cortarse los brazos, pero Lucas en un extraño arranqué de ira, se lo arrebató y cerrando el puño le propinó una paliza, la cual la dejo con moretones, y su cuerpo cubierto de sangre. 

Lucas no entendía lo que sucedía, en el fondo estaba excitado, pero a la vez temblaba. 

— ¿Te gustó? — le preguntó Penélope, mientras permanecía tirada en el suelo. 

— Llamaré a papá — exclamó Lucas, pero Penélope sujetando su pierna, se arrastró hasta levantarse, dejando tras de sí la marca de su sangre en el suelo. Luego tomando un pañuelo limpió los mangos de ambos cuchillos, Lucas no entendía que sucedía. 

— Tomaras tus cosas, te irás de aquí, pero antes romperás una de las ventanas. 

— ¿Porqué?, dime que sucede. — le increpó Lucas sujetando a Penélope por los hombros. 

— Yo diré que pasaste fuera el fin de semana y un ladrón entró a la casa…

Penélope estabas hablando cuando Lucas sintió el deseó de ir y hablar con su padre, por lo cual corrió desnudo tal cual  como estaba, ya que no le importaba que fuese descubierto, era más importante que se diera cuenta que su esposa estaba loca, pero mientras se dirigía hacia la habitación, escuchó romperse una ventana y poco después a Penélope caminar detrás de el. 

Al abrir la puerta de la habitación de su padre, la encontró más oscura de lo acostumbrado, las cortinas tapaban la luz del exterior, sólo un pequeño hilo de luz entraba e iluminaba los labios de su padre, los cuales eran rojos, en un tono más brillante de lo acostumbrado. 

El corazón de Lucas pálpito con más fuerza, dio un paso en la oscuridad y algo viscoso, un charco oscuro sintió a sus pies. Retrocedió buscando el interruptor, pero su mano sujetó el rostro de Penélope que se encontraba detrás de él, esté gesto le hizo saltar y resbalar con la sustancia viscosa. En el suelo y cubierto con aquella sustancia oscura y de olor metálico se dispuso a saltar sobre su padre, el cual parecía dormido profundamente. 

—! Padre, padre ! — exclamó Lucas sacudiéndole pero el no despertaba, entonces sintiendo la humedad en la cama, la cual caía al suelo donde el estaba de rodillas, su mente pensó en el peor escenario, las lágrimas brotaron por si solas. 

— Calma, es lo mejor. Ahora debes ducharte, e irte. — exclamó Penélope mientras se disponía a encender la luz en la habitación. 

Al hacerlo Lucas contempló la herida en el cuello de su padre, era profunda. Simplemente se desangro hasta morir. 

— ¿Porqué? — preguntó Lucas.

— ¿Recuerdas nuestro plan? Pues…— decía Penélope cuando Lucas se levantó e iracundo comenzó a golpearla, hasta llegar a sentir cansado sus brazos. Entonces llorando exclamó.

— ! Tú y yo no tenemos ningún plan !

Penélope que intentaba respirar y la sangre que brotaba de su nariz le hacía difícil la tarea, además Lucas le desgarro uno de sus senos de silicona, por lo cual tirada en su propio charco de sangre murmuró con una sonrisa. 

— No te preocupes, diré que entraron, me violaron, me golpearon y asesinaron a tu padre, tú serás inocente y después nos podremos reunir. 

Lucas estaba dispuesto a aplastar el cráneo de Penélope con sus puños, pero mirando el escenario a su alrededor decidió bajar sus armas, se inclinó sobre Penélope y besando sus labios desgarrados exclamó. 

— Te amo…mamá.   


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